El escritor de miradas

Érase una vez un escritor. Un escritor a medias, al menos, ya que esa no era su auténtica profesión.

El escritor de miradas

Érase una vez un escritor. Un escritor a medias, al menos, ya que esa no era su auténtica profesión. Él siempre había querido ser soldado, y logró cumplir en su juventud el que había sido su gran sueño.
Pero todo cambió en la guerra. Allí mató hombres, perdió amigos y con ellos un poco de lo que él mismo era, y tan sólo ganó miedo. Y miradas. Hay miradas que no se olvidan. La mirada del enemigo bañada en lágrimas antes de morir por unas ideas que no son las suyas. La mirada de quien te odia y sabe que no te volverá a ver. La mirada de quien te quiere y no sabe que no te volverá a ver.
Fue acumulando miradas hasta que la carga se hizo demasiado pesada. La angustia y el remordimiento le devoraban por dentro. Abandonó el ejército y se refugió en la escritura. Trató de convertir miradas en palabras. Palabras que pudiera guardar en un cajón bajo llave.

Pronto descubrió que hacían falta muchas palabras para transcribir una mirada. Y tenía muchas miradas que olvidar. No importaba, invertiría todo su tiempo si fuera necesario.
Y las miradas se convirtieron en relatos. Relatos oscuros. En sus creaciones aparecían personajes llenos, abarrotados de problemas. Dotaba a cada uno de sus protagonistas del más aciago de los destinos. Y así miles de veces. Su imaginación no tenía límites. Ni su desdicha. Tras cada trágico final, un nuevo “Érase una vez”, y volver a empezar.


Lo que no sabía es que los mismos relatos que creía que le ayudaban, estaban acabando con él poco a poco. Que no te puedes desprender de lo que te conforma. Que hay cosas que estás obligado a recordar. A aceptar. Tanto tiempo estuvo encerrado que acabó volviéndose loco. El dolor que había creído borrar durante tantos años tan sólo había sido escondido detrás de aquellos cuentos y, en su locura, este dolor acabó mezclándose con desgraciados personajes, dramas y tragedias, hasta el punto de no distinguir realidad o ficción.
Poco se sabe sobre su muerte. Unos hablan de suicidio. Otros dicen que murió de tristeza. Hay incluso quien ha llegado a afirmar que su corazón sigue latiendo. Que su incansable pluma sigue narrando las más tristes historias en algún lugar del mundo.


Érase una vez…

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