Aplaude lo Extraordinario

Aplaudir el trabajo duro debería ser la norma incluso si los resultados no son los esperados, porque no siempre el trabajo duro es la norma.

Aplaude lo Extraordinario



Hace poco, durante la representación de un musical, me llamó la atención la conversación de un grupo de personas que tenía detrás. Todos coincidían en que el musical estaba por debajo de sus expectativas y en lo ‘aburrido’ del mismo (probablemente simplemente no encajó con ellos el humor ácido de la obra, pero ese es otro tema).
El caso es que uno de ellos dijo una frase al terminar la obra, durante los aplausos, que sí me sorprendió: “Qué manera de aplaudir tiene la gente. Desde luego cantan bien y eso, pero bueno, eso no tiene mérito; es su trabajo”.

Lo cierto es que, aunque pueda no gustarte el espectáculo por el motivo que sea, es irreprochable que el trabajo, dedicación y precisión que hay detrás de cada miembro del elenco y equipo técnico es inmenso. Es, además, algo para lo que hace falta una capacitación especial que no todo el mundo tiene. Algo para lo que desde el momento en que nacemos muchos ya estamos descartados. Algo extraordinario.

Probablemente a esa persona le quede muy lejos poder llegar a hacer algo como la actuación que vimos y un comentario así acaba por decir mucho más de quien lo dice que de los afectados.
Apreciar y reconocer el talento y esfuerzo ajenos no solo es cuestión de educación; es sano. Es sano reconocer un extraordinario trabajo o unas extraordinarias capacidades, aun asumiendo que el resultado pueda no ser 100% el esperado. Nos hace mejores y nos empuja a ser mejores.

Aplaudir el trabajo duro debería ser la norma incluso si los resultados no son los esperados, porque no siempre el trabajo duro es la norma.

Hay cierta tendencia en según qué perfiles a ser timorato, vago al reconocer el esfuerzo del otro incluso cuando este conlleva un resultado por encima de las expectativas, y a no ser tan comedido al criticar el caso opuesto.
Aplaudir el trabajo duro debería ser la norma incluso si los resultados no son los esperados, porque no siempre el trabajo duro es la norma.

El aplauso y el reconocimiento están muy extendidos en determinados sectores de alta exposición pública: el mundo del espectáculo o del deporte son probablemente los mejores ejemplos de ello. Sin embargo, que solo en estos ámbitos esté extendida la costumbre de reconocer lo extraordinario no significa que lo extraordinario no resida en otros lugares más mundanos, que no nos rodee en nuestro día a día sin que muchas veces lo valoremos. Si queremos construir una sociedad más sana, esto tiene que cambiar.

Aplaude a un compañero que ha conseguido algo extraordinario sin pensar en cómo puede afectar a tu proyección profesional. Aplaude a los miembros de tu equipo por su esfuerzo en periodos de alta intensidad, aplaude y reconoce el trabajo de otros colegas que desde la competencia ayuden a hacer crecer la industria, aplaude al proveedor que nunca te falla o al de calidad diferencial. Y, por la parte que me toca, aplaude a tu técnico de marketing digital si los resultados sobrepasan las expectativas iniciales.
Aplaudamos lo extraordinario, o acabaremos todos convergiendo en la mediocridad.

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